Nunca Digas Siempre - Jennifer L. Armentrout

Título: Nunca Digas Siempre.
Título Original: The Problem With Forever.
Saga: Autoconclusivo.
Autora: Jennifer L. Armentrout.
Editorial: Ediciones Urano - Puck.
Colección: Latidos.
Fecha de Publicación: Marzo 2017.
ISBN: 9788496886629.
N° de Páginas: 544.
Goodreads

Sinopsis: Ella aprendió que el silencio era su mejor arma. Él juró que siempre la protegería. Ambos comparten un terrible pasado, que los llevó a forjar un vínculo indestructible. O eso creían ellos. Porque sus caminos se separaron abruptamente hace cuatro años. Mallory y Rider llevan todo ese tiempo tratando de superar las terribles experiencias vividas en un hogar de acogida. Intentando construir un futuro. Tratando de olvidar. Pero ahora, justo cuando creían estar dejando el pasado atrás, Mallory y Rider acaban de reencontrarse en el instituto y descubren que el intenso vínculo de infancia sigue ahí… al igual que la heridas. Enfrentados a la fuerza de sus sentimientos, Mallory y Rider deben decidir si seguir aferrados a las mismas armas que les ayudaron en el pasado o arriesgarse a construir algo nuevo en un futuro incierto.

Gracias a Ediciones Urano por el ejemplar para esta reseña.


Opinión Personal: 


Tengo que confesar que dudaba un poco con este libro, mi primera experiencia con la autora no había sido la mejor. Quizás porque “Cazadora de Hadas” me había decepcionado bastante pues era un libro del que esperaba mucho y la verdad es que a esta altura, sigo cuestionándome si termino gustándome o lo odie por completo. Y si bien la experiencia ha mejorado, creo que aún me falta algo para quedar bien con la autora, pues aún tengo en duda, seguir dando oportunidad a sus trabajos.

La historia de Mallory no ha sido fácil, su vida ha sido marcada por experiencias del pasado. Durante su infancia vivió en un hogar de acogida, junto con Rider. Ambos compartieron 10 años juntos, soportando las pesadillas y tormentos por parte de sus padres adoptivos. Regularmente era Rider el que siempre salía en defensa de la pequeña Mallory, quizás por ello, la pelirroja acostumbro a guardar silencio pues sabia lo caro que podía pagar el mas mínimo ruido dentro de su hogar. Después de vivir un suceso que causaría que servicios sociales decidieran separarlos, ambos se han alejado del otro pero eso no ha significado que han dejado de pensar en ellos.

A Mallory la fortuna le ha sonreído, pues sus padres adoptivos la aman y comprenden el motivo de su silencio. Ahora, después de cuatro años, el destino los volverá a juntar cuando Mallory decida afrontar su temor a tomar clases en el instituto como cualquier chica normal, afrontándose a dejar la educación en casa e inscribirse en la escuela a la que acude Rider, aunque ella desconoce que al decidir dar un paso enorme en su vida, se reencontrara con su pasado. A pesar de la alegría de haberse reencontrado, ambos tendrán que enfrentarse al hecho de que ninguno es lo que era en el pasado, además de hacerle frente a las situaciones que querrán separarlos, pues no todas las personas a su alrededor estarán de acuerdo con su reencuentro, mucho menos, del hecho que su amistad sigan tan fuerte como cuando eran tan solo dos pequeños que se tenían el uno al otro.

Pues bien, tengo que decir que a pesar de que me gusto el libro tarde un poco en engancharme a él. Pero una vez que lo hice fue realmente fácil seguir con la lectura. Me gusto que fuera una historia fuerte, que se hablaran de cosas que pasan en la actualidad, un hecho que me gusto bastante es que la autora lograra retractar a los dos protagonistas como imperfectos, porque si bien tenían cualidades como en varias historia juveniles, al mismo tiempo tenían defectos con los que te podías identificar así como debilidades que los hacían más humanos, lo que hacían que su historia fuera mucho más creíble.

Desde mi perspectiva ambos protagonistas han atravesado muchas situaciones difíciles a lo largo de su vida, pero cada uno lo ha afrontado de forma diferente por lo que el resultado es, dos personas que han compartido un pasado bastante triste con personalidades completamente diferentes. Permítanme explicarles, Mallory es una chica bastante tímida, no habla ni siquiera para responder un simple sí o no, le cuesta expresar sus sentimientos y que decir, de hablar en público o interactuar con las personas a su alrededor, en pocas palabras es una chica temerosa de cualquier situación que a pesar de que no los exterioriza, las personas pueden percatarse de ello. Por otra parte Rider es un chico fuerte, un poco rebelde pero que al mismo tiempo no expresa sus sentimientos, podría decirse que nadie sabe lo que realmente piensa Rider. Por lo que definitivamente los dos reaccionan de forma diferente a los traumas que ha experimentado en el pasado.

Me pareció bastante interesante el hecho de que la autora no retratara a los personajes perfectos, típicos de una novela juvenil, que los problemas de los protagonistas fueran más allá de no tener popularidad y no tener con quien ir al baile de graduación. Esta historia toca temas bastante reales, fuertes y un tanto tristes, tal y como es el maltrato infantil, el maltrato psicológico por parte de los compañeros de colegio, lo terrible que pueden ser los hogares de acogida, así como los problemas en los que los adolescente pueden involucrarse si no cuentan con la correcta orientación.

Hay algo que he encontrado como costumbre de la autora, al menos en los dos libros que he leído hasta ahora de ella. Pareciera que las protagonistas femeninas tienen la inmensa necesidad de repetirnos por lo menos cada dos páginas lo perfecto y adonis que son los protagonistas masculinos. 

Si bien fue algo que pude tolerar en esta ocasión, por momentos era bastante… hostigoso que Mallory nos recordara que para ella, Rider era casi un Dios griego.

Si tendría que elegir entre ambos personajes no podría, pues creo que juntos son la combinación perfecta, hay aspectos que le falta a uno pero que el otro lo complementa. Aunque si puedo decir que ambos me desesperaron por partes iguales, y a pesar de que podría comprender un poco a Mallory, puedo decir que si, en efecto, había ocasiones en la que me desesperaba que se sintiera que no podía hacer el esfuerzo por hacerse notar. Con Rider me paso algo similar, el que fuera tan cerrado me desquiciaba un poco, de igual forma el hecho de que parecía que en ocasiones no se daba cuenta de lo que pasaba a su alrededor, aunque su parte protectora me agrado mucho, al final de cuentas era un chico que necesitaba un poco de amor y confianza en sí mismo.

En cuanto a los demás personajes, Carl y Rosa me parecieron muy buenos padres, son los que cambian la vida de Mallory radicalmente, aunque hay una parte de la historia en donde no me agradaron, ningún padre adoptivo debería de hacer lo que Carl hizo, quizás fueron las circunstancias o no sé, pero no me agrado. Paige, la novia de Rider es una chica bastante desagradable, descarga en Mallory sus inseguridades y el temor de que su novio termine dejándola. Pero sin lugar a dudas mi favorito fue Jayden, no saben cuánto me gustaría tener un libro con la historia de él, aunque lo que le sucede fue bastante triste y sí, me afecto un poco no poder conocer más de él. Otro personaje que me parece sumamente interesante es la mejor amiga de Mallory, Ainsley, su historia es tan importante como la de los protagonistas, especialmente por lo que se afrenta, creo que sería muy interesante seguir conociendo que sucederá con ella.


“El problema no eran las palabras, que volaban sobre mi cabeza como una bandada de pájaros migrando hacia el sur para pasar el invierno. Las palabras nunca habían sido el problema. Las tenía dentro de mí, siempre las había tenido. Lo que me costaba era hacerlas salir, darles voz”.

“Me descubrí pensando en la única cosa radiante en medio de un pasado lleno de sombras y oscuridad.
Pensé en aquel chico que hacía que se me encogiera el corazón, en aquel chico que prometió protegerme siempre”.

“La ansiedad se retorcía dentro de mi como una víbora aguardando para atacar con su veneno paralizante”.

“El nunca huía de nada. Nunca se escondía. La que se escondía, la que huía, era siempre yo. Éramos el ying y el yang. Yo la cobardía y el la bravura. El la fuerza y yo la debilidad”.

“Había prometido protegerme siempre y había hecho todo lo posible por cumplir su palabra. Pero habían cosas que no podían controlarse, y menos aun siendo un niño”.

“La Mallory que se quedaba en silencio porque le parecía la ruta más segura”.

“Ir a la universidad significaba, al menos en teoría, que con el tiempo podría encontrar trabajo y llevar una vida en la que no tuviera que preocuparme por si iba a poder comer o a depender de alguien que se ocupara de mí. La universidad equivalía a la libertad”.

“ –¿Con este cuerpo? –Se señaló el pecho–. Este cuerpo hay que compartirlo con el mundo entero”.

“Siguieron hablando tranquilamente, y una envidia absurda se apodero de mí. Su camaradería y sus bromas, el afecto sincero  que se demostraban, eran cosas de las que yo tenía muy poca experiencia. Los observaba como si fuera una científica estudiando una especia desconocida”.

“Las palabras no eran el enemigo ni el monstruo debajo de la cama, pero ejercían un enorme poder sobre mí. Eran como el espectro de un ser querido que me atormentara constantemente”.

“–Pero tener esperanzas nunca nos sirvió de nada, ¿verdad?
Negué con la cabeza. Por cómo había sido nuestra infancia, habíamos aprendido muy pronto a no esperar nada de la realidad. Cosas como la esperanza y las aspiraciones nos parecían sueños y fantasías”.

“Aunque me encantara que siguiera siendo tan protector, no podía depender de el para que me cubriera las espaldas. No había estado a mi lado estos últimos cuatro años, y no podíamos volver atrás. No podía permitirlo, por fácil que fuese”.

“¿Cómo podía ser solo una pesadilla? Las pesadillas no eran reales. Y aquello… aquello si lo era”.

“Deseé con todas mis fuerzas ser normal”.

“Dios, la normalidad no estaba sobrevalorada cuando tenías un cerebro como el mío”.

“Podría haberle dicho que a mi ese “Por ahora” me parecía suficiente. Que nadie sabía lo que le deparaba el futuro. Que el “para siempre” podían arrebatárnoslo de las manos en cualquier momento”.

“Yo también tenía que intentar vivir el presente”.

“Hablar en público es como pintar. Que se te dé bien o no es muy subjetivo”.

“Pero todo es cuestión de intentarlo”.

“No se trata de hacerlo bien la primera vez, y menos aún de hacerlo a la perfección. Pero, si lo intentas, lo consigues”.

“Vivir era como hacer aquel trabajo. Lo importante no era el resultado final, si no el intento”.

“Estar aquí sin estar. Existir, pero no vivir. Conocía esa sensación”.

“Nunca se conoce del todo a la gente. A veces, ni siquiera a la familia. La gente te muestra lo que quiere que veas. Tienes que recordarlo”.

“Odio… tener que pensar cada palabra”.

“La gente es imbécil. Ya lo sabes”.

“La gente puede decir lo que quiera. Puede pensar lo que quiera, pero tu controlas lo que sientes al respecto”.

“Que no me agobiara. Como si fuera una criatura frágil que fuera a romperse a la mínima presión”.

“El tiempo pasaba deprisa incluso cuando parecía avanzar muy despacio”.

“Me había olvidado de todo.
Porque nada de eso importaba.
Lo que importaba era otra cosa.
Vivir la vida”.

“Había cosas que me gustaban, cosas que me habían llamado la atención a lo largo de los años, pero por dentro estaba prácticamente vacía.
Durante los últimos años había ido desprendiéndome poco a poco de bagaje emocional del pasado, de mis traumas y de mis miedos, pero el infierno de mi infancia no solo me había condenado al silencio, a una existencia en segundo plano. También me había impedido… vivir. ¿No era eso lo que significaba en realidad apasionarse por algo? ¿Vivir? Pero el miedo seguía allí, y por su culpa yo era esa especie de cascarón vacío.
Curiosamente, note que me quitaba un peso de encima. No me sentí mal al pensarlo, cuando me incorpore. Era básicamente un lienzo en blanco, pero eso no era malo, pensé. Porque también significaba que… que podía ser lo que quisiera”.

“Sé que te mereces algo mejor, pero yo quiero ser mejor. Quiero serlo por ti”.

“Lo más sensato sería hablar, pero estaba harta de ser sensata”.

“Y no digas que no vas a estresarte. Tú te estresas por todo. A veces estas tan metida  en tu cabeza que no… en fin, que no vives de verdad”.

“Es solo que a veces creo que no te das cuenta de lo que pasa a tu alrededor porque te preocupas demasiado de lo que piensan los demás sobre ti y sobre las decisiones que tomas”.

“Yo me quedé paralizada. No estaba acostumbrada a ello.  A los abrazos. En general no me gustaba que me tocaran, pero enseguida me sobrepuse, porque era un abrazo tierno y agradable”.

“No supe que contestar, pero por una vez no me importo.
En ese momento no había nada que decir, y por mí no había problema”.

“Había mucha gente que nunca se preocupaba por cosas así, pero yo sí, nosotros sí, porque los dos sabíamos que tener paredes y un techo no siempre equivalía a vivir seguro.
A veces era lo más peligroso del mundo”.

“Pero yo sabía que las apariencias pueden ser engañosas”.

“Nos habían separado.
Pero en realidad nunca nos habíamos alejado el uno del otro”.

“–Soy todo lo feliz que puedo ser. Tengo un techo y comida en la mesa. Y me he propuesto seguir teniéndolos  cuando acabe el instituto.
–Pero… pero un hogar debería ser algo más. La vida… debería ser algo más.
–Sí, debería, pero no es así para todo el mundo. Ya lo sabes”.

“Para siempre.
Había prometido estar siempre ahí para ayudarme.
Pero en mi opinión había dos tipos de “para siempres”.
Uno bueno.
Y otro malo.
El bueno era una mentira, una ilusión; eso yo lo había aprendido siendo muy niña. Ese tipo de “para siempre” acababa en llamas, en sentido literal y en sentido figurado, porque, por más que intentaras aferrarte a él con todas tus fuerzas, se te escurría entre los dedos.
El malo acechaba siempre, como una sombra o un fantasma. Daba igual lo que pasase: siempre estaba ahí, de fondo”.

“Nada dura para siempre”.

“Debería haber sido divertido, maravilloso, y ni siquiera me ha gustado. Ni siquiera lo he vivido. No lo he intentado. De verdad, no. Así de inútil soy”.

“Y contigo siempre ha sido igual. Yo necesito ayuda. Y tú… tú estás ahí para ayudarme. Yo me hago pedazos. Y tú me recompones. Ni siquiera intento cambiarlo”.

“Todo me da miedo. Todo. Y mi mayor miedo es el “para siempre”. Que sea así para siempre”.

“Y quizá… quizá no pudiera arreglarse. Rider había dicho que nada duraba para siempre, pero algunas cosas, algunas cicatrices, eran demasiado profundas para borrarse del todo”.

“¿Cómo era posible? ¿Cómo te despiertas una mañana pensando que todo va bien, que ese día será como cualquier otro, y luego te dicen algo así?”.

“Y tenía todas esas cosas porque se me había concedido una segunda oportunidad.
Pensé en toda la gente que nunca tendría ese privilegio.
Era muy afortunada.
Mi vida había sido dura, pero el pasado… El pasado formaba parte de mí, pero no me constituía. Tenía un futuro, posiblemente un futuro fantástico”.

“No estaba reconociendo la suerte que tenía.
Eso… eso tenía que cambiar.
Y al darme cuenta de ello, al cobrar conciencia de que así era, pensé que ya estaba cambiando”.

“Sabía mejor que nadie que callarse no era siempre la solución. Había cosas de las que una tenía que hablar”.

“¿Cómo es que nunca tenia frio? Quizá porque era el diablo.
El diablo que decía la verdad”.

“Pero ninguna película es tan divertida como El show de Jayden. Y yo no cobro entrada”.

“Mi sola presencia es enriquecedora”.

“Yo seguía sin encontrar palabras, pero intuía que aquel era uno de esos momentos en los que no había nada que decir. En situaciones como aquella solo importaba los actos”.

“Estaba enamorada de él.
De eso estaba segura. El amor era aquel sentimiento de esperanza que se hinchaba dentro de mi pecho cada vez que le veía. Era esa sensación de que todo se me olvidaba cuando estaba con él. Era esa forma de quedarme sin respiración cuando me miraba intensamente. Era ese gemido que se me escapaba cuando me tocaba. Era… era ese sentimiento de poder ser yo misma cuando estaba con él, de saber que no necesitaba ser perfecta ni preocuparme por lo que estaría pensando, porque me aceptaba tal y como era.
Y a pesar de todo…
A pesar de todo estaba aterrorizada”.

“No quería sufrir”.

“Porque era distinto querer a alguien y estar enamorado”.

“Sin duda el desamor sería aún peor”.

“Como cuando tenía doce años, hice lo que se me daba mejor.
Me escondí”.

“Te has dado por perdido antes de que los demás tuvieran oportunidad de hacerlo”.

“Yo también pienso todos los días que lo mío no tiene remedio, que conmigo no hay nada que hacer. Se lo que es eso”.

“Es más fácil asustarse por todo.
No puedes fracasar cuando ni siquiera lo intentas”.

“No todo es cuestión de dinero.
Pero el dinero ayuda”.

“Sé que no os fiais de él y que creéis que no tiene ningún futuro, pero vosotros no sabéis lo mucho que se esfuerza. De verdad. Y aunque decida que no quiere ir a la universidad, eso no lo convierte en una mala persona. No significa que no merezca vuestro respeto. Es muy inteligente y tiene muchísimo talento. Lo último que necesita es que alguien más crea que no merece la pena esforzarse por él”.

“Solo queremos lo mejor para ti, y a veces, de tanto desearlo, complicamos las cosas”.

“No sabía decir exactamente cuando me había convertido en una Mallory distinta, tal vez porque no había sido en un momento concreto, sino gracias a una mezcla de centenares o miles de momentos.
Era la suma de todo.
Era la decisión de hacer cosas que me asustaban. Era aceptar que mi pasado siempre estaría ahí, formando parte de mí y de mis seres queridos. Era encontrar algo que me apasionaba, algo que podía hacerme feliz.
Y era saber que todavía podía… tener miedo sin que ese miedo me impidiera vivir.
Aquella certeza no se debía  a una especie de revelación que hubiera hecho detener el mundo de repente. Había sido un proceso lento y sutil, una sucesión de momentos encadenados. Pero mientras estaba sentada a la mesa de la cocina, con Rosa, comprendí que era verdad.
Había cambiado”.

“Creían tener toda la vida por delante.
Pero nosotros sabíamos que eso podía cambiar en cualquier momento.
Todos dábamos por sentado que el futuro se extendía ante nosotros, pero el problema era que ese futuro no existía en realidad”.

“Ese futuro, ese “para siempre”, no era real.
Y supuse que para mí, al menos, era una suerte que no lo fuera. En cambio para otros… Ojala para ellos si lo fuera, ojala pudieran contar con ese “para siempre””.

“¿Cómo demonios iba a luchar por él cuando él no luchaba por sí mismo?”.

“Necesitaba un respiro. Un rato de tranquilidad. Así que me lo tome.
Eso era algo que había aprendido durante mis sesiones con el doctor Taft. Que cuando las cosas nos abruman, cuando estas estresado y a punto de desquiciarte, es hora de hacer un paréntesis. El doctor Taft hablaba siempre de los días dedicados a la salud mental. Me acuerdo que una vez se puso a despotricar diciendo que si alguien tosía le daban la baja, pero que si alguien estaba mentalmente agotado solo se esperaba de esa persona que se aguantara y siguiera adelante”.

“Sus problemas eran tan profundos que los llevaba inscritos en los huesos y en cada fibra de su musculatura.
Yo no sabía que podía hacer cambiar el modo en que se veía a sí mismo, si es que algo podía hacerlo cambiar. Solo sabía que a mí me había costado años llegar donde estaba y aun que me quedaba mucho trabajo por hacer.
Por más que yo deseara que ese cambio se produjera, sabía que no sucedería hasta que el estuviera preparado.
Y no lo estaba”.

“Seria duro y seguramente vergonzoso. No, vergonzoso no, porque solo yo controlaba lo que me daba vergüenza. Y era capaz de hacer aquello. No sería humillante, ni vergonzoso”.

“La vergüenza no duraría para siempre. Nada de aquello era para siempre.
Pero el intentarlo, sí.
Igual que vivir”.

“Los monstruos de los que me escondía dieron forma a mi carácter al enseñarme que la bondad y el amor son cosas que deben darse libremente. Me enseñaron lo que no quería ser. Por eso hoy en día son importantes para mí”.

“Dedicaron todo su tiempo libre a borrar los malos recuerdos y a combatir las pesadillas. Me abrieron puertas que siempre había tenido vedadas y creyeron en mí. Me demostraron que el amor y la bondad pueden darse libremente y sin expectativas. Me enseñaron a confiar en los demás y me hicieron comprender que no tenía por qué estar asustada”.

“No se me daba bien conocer gente y hacer amigos”.

“Ella me demostró que puedes encontrar a tu mejor amigo donde menos te lo esperas”.

“Hace solo unos meses, conocí a un chico que fue muy amable conmigo a pesar de que no me conocía. Derrochaba encanto y siempre tenía una sonrisa que ofrecer. No le conocía muy bien, pero seguramente es una de las personas que más me ha influido, porque el también me ha enseñado que no debo dar nada por sentado, pero sobre todo, que se puede dedicar una sonrisa a un desconocido. Me brindo su bondad cuando más le necesitaba, y confió en poder hacer lo mismo por otras personas”.

“Me demostró que ayudar a quienes lo necesitan, aunque rechacen esa ayuda, es un riesgo que merece la pena correr”.

“Me percaté de que lo que moldea tu personalidad es una serie de personas y hechos. He descubierto que hasta los monstruos pueden influirte positivamente. Que hay personas que están dispuestas a abrirte tu casa y su corazón sin esperar nada a cambio. Que hay desconocidos que pueden ser amables y comprensivos. Que quienes siempre están dispuestos a ayudar a los demás se colocan a sí mismos en último lugar”.

“–¿Qué es ser real? –Le pregunto un día el Conejo de Terciopelo al Caballo de Piel–. ¿Significa que tienes cosas que zumban por dentro y un mango que sobresale?
–Ser real no depende de cómo estés hecho –Contesto el Caballo de Piel–. Es una cosa que te ocurre. Cuando un niño te quiere mucho, mucho tiempo, no solo para jugar, sino porque de verdad te quiere, entonces te vuelves real.
–¿Duele? –pregunto el Conejo de Terciopelo.
–A veces –dijo el Caballo de Piel, porque siempre decía la verdad–. Pero cuando eres real, no te importa que te duela.
No ocurre de repente –añadió–. Te transformas. Se tarda mucho tiempo. Por eso no suele pasarle a la gente que se rompe fácilmente, o que tiene los bordes cortantes, o que tiene que guardarse con mucho cuidado. Por lo general, cuando te vuelves real, has perdido casi todo el pelo a fuerza de cariño, y se te han caído los ojos y tienes las articulaciones flojas y estas todo raído. Pero esas cosas no importan nada, porque cuando eres real no puedes ser feo, excepto para la gente que no entiende de esas cosas. Cuando eres real, no puedes hacerte irreal otra vez. Es para siempre”.

“Me han dado oportunidades que otros no han tenido y las he desperdiciado, y ahora me pregunto si no será de verdad demasiado tarde”.

“Ser real puede doler. Que te quieran puede doler. En eso… en eso consiste estar vivo, y lo contrario es inimaginable”.

“Significaba que había que desprenderse del miedo a ser imperfecto. Que había aceptar que era bueno que te quisieran, que te necesitaran y te cuidaran, que te vieran y te escucharan”.

“Rider y yo nos parecíamos mucho al niño pequeño y al conejo que quiere ser real. Los dos habíamos pasado mucho tiempo teniéndonos solo el uno al otro. Nos habían arrumbado en un rincón, desechados. Y lo único que queríamos era que nos quisieran, que nos cuidaran y nos amaran. Queríamos sentirnos reales. Los dos teníamos miedo de lo contrario. Para algunas personas lo contrario era la muerte pero para mí, para nosotros, era quedarnos estancados para siempre. No cambiar. No vernos a nosotros mismos ni a quienes nos rodeaban de manera distinta”.

“Sé que quizás nunca me perdones por haberte hecho daño. Y lo entiendo. Y también lo entenderé si no quieres estar conmigo mientras trato de ser mejor, de hacer mejor las cosas, pero… quiero ser la persona que creo que mereces.
Quiero ser ese chico con futuro, con  ilusiones y las cosas claras.
Quiero ser ese chico digno de tu amor, y te juro que, si me aceptas, hare todo lo que este en mi mano para llegar a serlo. Nunca dejare de intentarlo. Nunca”.

“El pasado nunca desaparecería del todo, ni debía hacerlo.
Siempre estaba ahí, y había que reconocerlo.
Mi pasado formaba parte de mí y me había moldeado, pero no era la suma de mi personalidad. No me dominaba”.

“A decir verdad, me sentía estupendamente. No estaba bien al cien por cien, pero eso era bueno, porque era una obra en marcha, una obra todavía inacabada. Había momentos en que me agobiaba.
Aún tenía mucho trabajo por delante, pero era yo quien tenía que hacerlo, y era mi voz la que tenía que oírse cuando necesitara hablar. La mía, no la de otra persona. Era y quien tenía que llegar a la línea de meta y, cuando me fallaran las fuerzas, lo único que tenía que hacer era recordar que esa situación no duraría para siempre.
Para siempre…
Antes creía que eso no existía. Aquellas dos palabras me aterrorizaban de niña, me obsesionaban. Ahora sabia, en cambio, que en muchos sentidos, por pequeños que fuesen, ese “para siempre” era real, y ya no me daba tanto miedo.
La pena y el dolor no eran para siempre.
Ese “para siempre” ya no era un problema.
Para siempre eran el latido de mi corazón y la esperanza que entrañaba el mañana. Para siempre era el rayo de luz que asomaba detrás de cada nubarrón, por negro que fuese. Para siempre era saber que los momentos de debilidad eran pasajeros. Para siempre era el dragón que habitaba dentro de mí, ese dragón que se había desprendido del miedo como una serpiente se desprendía de su piel. Para siempre era sencillamente una promesa de cosas nuevas.
Ese “para siempre” era una obra en marcha.
Y yo no podía esperar para siempre”.



Algo con lo que me quedo de esta historia es como se invierten los papeles a lo largo de ella, uno pensaría que Mallory siempre sería la débil, por lo que el giro que nos regala la autora es bastante gratificante.  En lo personal, lo único que no me convenció fue el romance, creo que fue demasiado predecible. Me gusto el hecho de que cada personaje fuera importante para la historia, que tratara temas bastante tristes que  en realidad suceden en nuestra vida diaria. Puedo decir que he tenido una mejor experiencia con la autora  y que espero que vaya mejorando, puesto que pienso leer mucho más de Jennifer en un futuro.  

Veredicto:

“Nunca digas siempre” Es una historia emotiva con personajes especiales, una historia que te hará creer que no importa lo que hayas experimentado en el pasado, siempre hay una esperanza para mejorar tu vida si tienes los deseos de hacerlo y personas a tu alrededor que estén contigo sin importar lo que suceda. Definitivamente te ayuda a creer que hay solución a todo, aun cuando creas que nunca te recuperaras.



Sobre la escritora:
Jennifer vive en Martinsburg, Virginia Occidental. Cuando no está escribiendo, pasa su tiempo leyendo, viendo películas malas de zombis o paseando con su marido y su Jack Russell, Loki. Sus sueños de convertirse en escritora se iniciaron en las clases de algebra, lo que explica sus malas notas en matemáticas. Jennifer escribe YA paranormal, ciencia ficción, fantasía y romance contemporáneo. También escribe novelas para adultos bajo el seudónimo de J. Lynn.

Summer

5 comentarios:

  1. Hola!!
    Este libro lo tengo pendiente, a ver si consigo hacerle un hueco.
    Gracias por la reseña.
    Besitos :)

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  2. ¡Hola! Es un libro que tengo pendiente y me apetece mucho, ya que la autora me encanta cómo escribe :) ¡Un besito!

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  3. Hola!
    Este fue el primer libro (y único) que leí de la autora. Si bien me gustó la historia, no perdono las faltas ortográficas que hay gracias a los que tradujeron el libro. Hay un personaje que es puertorriqueño y en el libro lo escriben "portorriqueño". WTF. Como puertorriqueña, me ofendí xDD
    Por cierto, gracias por seguirme en mi blog! Ya te sigo devuelta :)
    Nos leemos ^^

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  4. ¡Hola! Me encantó esta historia, para mí es una de las más reales de la autora. Siempre me fascina todo lo que escribe, no es sorpresa que sea una de mis autoras favoritas jaja

    Besos

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  5. Hola! La verdad, no es el que más me llama de la autora, y no sé si lo leeré en algún momento, pero me alegra que te haya gustado y que haya sido una mejor experiencia que con el anterior.

    Un beso!

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